Intolerancia a la fructosa

¿Cómo puedo saber si soy intolerante a la fructosa?

La fructosa es un monosacárido, es decir, un azúcar sencillo que no se descompone en otros glúcidos más simples. Se utiliza como edulcorante para diabéticos, y en la naturaleza se encuentra en vegetales, frutas y miel.

Por otro lado, la sacarosa, más conocida como azúcar común, está compuesta por dos moléculas, glucosa y fructosa y, una vez en el intestino, las enzimas del duodeno la desdoblan en sus dos azúcares.

El sorbitol o glucitol, es un alcohol de azúcar que se encuentra en las algas rojas y, junto a la fructosa, la glucosa y la sacarosa, en frutos como las peras, las manzanas, las cerezas y los melocotones. Se usa como edulcorante, espesante y humectante y es capaz de endulzar aportando pocas calorías.

¿Qué es la intolerancia a la fructosa?

La intolerancia a la fructosa es una malabsorción producida por una deficiencia del transportador de este azúcar desde la luz del intestino al interior de las células. Este transportador es el GLUT5, que también sirve para transportar el sorbitol. Cuando mezclamos alimentos con sorbitol se dificulta más la absorción de fructosa por competir ambos por el mismo transportador.

En cambio, el transportador llamado GLUT2 se comparte con la glucosa, galactosa y fructosa, y la glucosa facilita la absorción de la fructosa por este transportador. Esto explica que intolerantes a la fructosa puedan tolerar sin dificultad sacarosa, azúcar común, compuesta por glucosa y fructosa.

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La intolerancia a la fructosa significa una restricción en la dieta de la fructosa y el sorbitol

¿Por qué se produce la intolerancia a la fructosa?

La intolerancia a la fructosa puede producirse en tres situaciones:

  • Puede producirse una intolerancia primaria, que es un problema genético que deriva en un déficit de la enzima transportadora y va desarrollándose a lo largo de la vida.
  • Se puede desarrollar una intolerancia secundaria, debida a otra enfermedad intestinal (gastroenteritis, enteritis por irradiación, celiaquía, enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa, etc.) que altera el borde de la mucosa intestinal e impide el transporte de la fructosa de forma transitoria o permanente.
  • Mediante la fructosemia o intolerancia hereditaria a la fructosa es una enfermedad rara (1 de cada 30.000 nacimientos) y se debe al déficit metabólico de la enzima aldolasa que se localiza en el hígado. Los síntomas aparecen en los primeros meses de vida cuando se introduce azúcar común o fructosa en la dieta.

¿Cómo se manifiesta clínicamente?

Cuando la fructosa no se absorbe por el intestino llega al colon y las bacterias de la flora intestinal fermentan la fructosa y el sorbitol y producen dolor, distensión abdominal, movimientos y ruidos intestinales, pudiendo producir diarrea y en ocasiones vómitos y cefalea.

¿Cómo la diagnosticamos?

La mejor prueba para el diagnóstico es el test de hidrógeno espirado. Cuando los azucares fructosa o sorbitol no absorbidos en el intestino delgado pasan al intestino grueso, las bacterias existentes los utilizan como alimento y producen hidrógeno como producto de deshecho. El hidrógeno es absorbido por la sangre y expedido por la respiración. La prueba consiste en administrar una solución de fructosa-sorbitol al paciente en ayunas y recoger las muestras exhaladas para realizar la medición de hidrógeno.

Esto tiene que ir acompañado de unas condiciones de preparación previas, que son:

  • Tener la flora intestinal intacta, evitando la toma de antibióticos, Asprina® o laxantes (incluyendo Plantaben® o fibras) ni probióticos ni procinéticos (Motlilium®, Cidine®, Blastón®, etc) durante cuatro semanas antes del prueba. Igualmente no se realizará el test si se ha realizado una colonoscopía o limpieza intestinal cuatro semanas antes de la prueba.
  • Realizar una dieta sin azúcares ni féculas 24 horas antes de la prueba. Tales como el pan, el arroz, la pasta, los cereales, las patatas, las arvejas, el maíz, las frutas, el jugo de frutas, la leche, el yogur, los bizcochos, los caramelos, las bebidas gaseosas y chicles. Las dietas con residuos endentecen el tránsito intestinal. El día previo a la prueba puede tomar o Para el desayuno manzanilla o té sin azúcar con huevos revueltos sin lácteos. o Para la comida y cena arroz blanco, pescado o carne sin aderezo, salvo hierbas aromáticas.
  • No fumar 8 horas antes de la prueba.
  • No realizar ejercicio físico durante 6 horas previas ni durante la prueba, porque influye en la eliminación del hidrógeno.
  • Acudir a la prueba sin haberse cepillado los dientes. Solo puede realizar un enjuague con Clorhexidina.

La prueba tiene una duración de 4 horas y no se debe comer ni beber durante la misma.

Cuando se empieza el test de hidrógeno espirado se realiza una muestra basal al inicio y si el valor está por debajo de 10 ppm, nos indica que estás condiciones previas se han cumplido. Posteriormente el paciente soplará cada 30 minutos durante 3 a 4 horas. Se considera positivo (el paciente presenta intolerancia) si la elevación del nivel de hidrógeno es de 20 ppm sobre el nivel basal del paciente antes de la prueba.

¿Qué puedo hacer si tengo intolerancia a la fructosa?

La intolerancia a la fructosa significa una restricción en la dieta de la fructosa y el sorbitol. No obstante, una dieta muy estricta puede ser difícil de llevar y se puede asociar con carencia nutricional, por lo tanto se ajustará la dieta dependiendo del grado de intolerancia.

Principalmente se debe evitar la asociación de fructosa con sorbitol, ya que dificulta la absorción de la fructosa. Contiene sorbitol los chocolates, bollería, zumos comerciales, medicamentos en jarabes, chicles y gominolas. Y también el edulcorante E-420. En cambio la asociación de glucosa con fructosa facilita la absorción de ésta como hemos comentado previamente.

Las frutas que mayor intolerancia producen son la familia Rosácea (melocotón, albaricoque, manzana, pera, ciruela, cereza,) frutas pasas, mermeladas y membrillo.

Ver recomendaciones en pacientes intolerantes a la fructosa.
 
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